Las especias y los condimentos.

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Los condimentos, tan frecuentemente usados por la gente del mundo, son ruinosos para la digestión.

Bajo el título de estimulantes y narcóticos se clasifica una gran variedad de sustancias que, aunque empleadas como alimento y bebida, irritan el estómago, envenenan la sangre y excitan los nervios. Su consumo es un mal positivo. Los hombres buscan la excitación de estimulantes, porque, por algunos momentos, producen sensaciones agradables. Pero siempre sobreviene la reacción. El uso de estimulantes antinaturales lleva siempre al exceso, y es un agente activo para provocar la degeneración y el decaimiento físico.

En esta época de apresuramiento, cuanto menos excitante sea el alimento, mejor. Los condimentos son perjudiciales de por sí. La mostaza, la pimienta, las especias, los encurtidos y otras cosas por el estilo, irritan el estómago y enardecen y contaminan la sangre. La inflamación del estómago del borracho se representa muchas veces gráficamente para ilustrar el efecto de las bebidas alcohólicas. El consumo de condimentos irritantes produce una inflamación parecida. El organismo siente una necesidad insaciable de algo más estimulante.

Los condimentos y las especias usados en la preparación de los alimentos para la mesa ayudan a la digestión en la misma forma en que el té, el café y las bebidas alcohólicas se piensa que le ayudan en sus tareas al hombre que trabaja. Después que desaparecen los efectos inmediatos, hay un descenso correspondiente debajo de lo normal así como hubo una elevación por encima de lo normal cuando se tomaron estas sustancias estimulantes. El organismo es debilitado. La sangre resulta contaminada, y la inflamación es el resultado seguro.

Las especias irritan el estómago y causan un apetito antinatural.

Nuestras mesas deben tener solamente los alimentos más sanos, que estén libres de toda sustancia irritante. El apetito de bebidas alcohólicas resulta estimulado por la preparación de alimentos con condimentos y especias. Estas cosas causan un estado febril en el organismo, y el cuerpo exige beber para aliviar la irritación. En mis frecuentes viajes a través del continente, yo no voy a comer a los restaurantes, coches comedores u hoteles por la sencilla razón de que no puedo comer los alimentos que allí se proveen. Los platos son muy sazonados con sal y pimienta, y producen una sed casi intolerable… Irritarían e inflamarían la delicada membrana estomacal… Tal es la clase de alimentos comúnmente servidos en mesas de buen tono, y dados a niños. Estos tienen el efecto de causar nerviosidad y crear sed, una sed que el agua no puede apagar… Los alimentos deben prepararse de una manera tan sencilla como sea posible, libres de condimentos y especias, y aun de una cantidad indebida de sal. Algunos han complacido tanto su gusto, que a menos que tengan precisamente el artículo de consumo que exigen, no hallan placer en corner. Si se pone delante de ellos alimentos condimentados con especias, éstos hacen que el estómago trabaje al castigarlo con ese ardiente látigo; porque ha sido tratado de tal manera que no reconocerá alimentos que no sean estimulantes. Los alimentos con especias crean el deseo de beber con las comidas.

Se colocan platos suculentos ante los niños: alimentos con especias, salsas concentradas, tortas y pasteles. Estos alimentos muy sazonados irritan el estómago, y hacen que éste reclame estimulantes aún más fuertes. No solamente el apetito es tentado con alimentos inadecuados, de los cuales se permite a los niños participar libremente en sus comidas, sino que también se les permite a ellos comer entre comidas, y cuando llegan a tener doce o catorce años son dispépticos confirmados.

Tal vez habéis visto la ilustración del estómago de una persona adicta a las bebidas fuertes. Una condición similar se produce por la influencia irritante de las especias fuertes. Teniendo al estómago en tal estado, se exige algo más para hacer frente a las exigencias del apetito, algo más fuerte, y aún más fuerte.

Su empleo causa languidez.

Hay una clase de personas que profesan creer la verdad, que no usan tabaco, rapé, té ni café, y sin embargo son culpables de gratificar el apetito de una manera distinta. Exigen carnes preparadas en forma muy sazonada, con salsas concentradas, y su apetito ha llegado a pervertirse tanto que no puede satisfacerse ni siquiera con la carne, a menos que se la prepare de la manera más perjudicial. El estómago queda afiebrado, los órganos digestivos son sobrecargados, y sin embargo el estómago trabaja arduamente para deshacerse de la carga que se le impuso. Después que el estómago ha realizado esta tarea, está agotado, lo cual produce languidez. Aquí muchas personas resultan engañadas, y piensan que es la falta de alimento lo que determina esa condición, y sin dar al estómago un tiempo de descanso, toman más alimentos, los cuales momentáneamente quitan la languidez. Y cuanto más se complazca el apetito, tanto más exigirá gratificación.

Las especias al comienzo irritan la delicada mucosa del estómago, pero por fin destruyen la sensibilidad natural de ese delicado órgano. La sangre se afiebra, las propensiones animales se despiertan, mientras que las facultades morales e intelectuales se debilitan, y las personas se hacen siervas de las pasiones bajas. La madre debe estudiar para establecer un régimen alimenticio sencillo y sin embargo nutritivo para su familia.

Las personas que han complacido su apetito para comer libremente carne, salsas muy condimentadas, y varias clases de tortas y dulces recargados, no pueden disfrutar inmediatamente de un régimen sencillo, sano y nutritivo. Su gusto está tan pervertido que no tienen apetito por el régimen sano de frutas, pan sencillo y verduras. No necesitan esperar que desde el comienzo podrán encontrarle sabor agradable a alimentos tan diferentes de aquellos que han estado consumiendo.

Con toda la preciosa luz que continuamente nos ha sido dada mediante las publicaciones sobre salud, no nos conviene vivir vidas descuidadas e indiferentes, comiendo y bebiendo como nos place, y complaciéndonos en el uso de estimulantes, narcóticos y condimentos. Tomemos en cuenta el hecho de que tenemos un alma que salvar o perder, y que es de vital consecuencia la forma en que nos relacionamos con el asunto de la temperancia. Es de gran importancia que individualmente desempeñemos bien nuestra parte, y tengamos una comprensión inteligente de lo que debemos comer y beber, y de cómo debemos vivir para preservar la salud. Todos están siendo probados para ver si aceptan los principios de la reforma pro salud o siguen una conducta de indulgencia propia.

Ellen G. White

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